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“Una oportunidad para aglutinarse tras esta causa nacional”

ENTREVISTA - GRACIELA TREBER (*)
La deuda externa y el camino para resolverla en el centro del debate político. Graciela Treber es contadora, ex concejal de la ciudad y dirigente de Nuevo Encuentro. “La renegociación argentina es un mal ejemplo para algunos, por cuanto demostró que se puede”, afirmó para luego sentenciar: “quizás podamos hablar del nacimiento de otro orden financiero”.


El fallo del juez Thomas Griesa, ¿trasciende el aspecto económico?
-Está la cuestión económica y la política. Argentina se declaró en “default”, que no es menor a nivel internacional. Néstor Kirchner dijo: “déjenme crecer, que los muertos no pagan”. Porque la mecánica era pagar deuda con más deuda y que los países jamás se independicen del capital financiero internacional. Creo que fue Perón quien dijo que el capital no tiene nacionalidad. El país empieza a crecer, a acumular reservas y en un momento paga la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que tuvo incidencia política por la influencia del FMI en la política interna. Se abrió un primer canje, con la adhesión de un poco más del 70% de acreedores; el segundo logra alcanzar al 92.4%. Una porción de los acreedores que no entraron en los canjes (alrededor del 2%) es la que lleva adelante este juicio en los tribunales de Nueva York. Eso, la sede, está definida en las cartillas de refinanciación desde la época de Martínez de Hoz. Yo presumo que en esos momentos había un margen pequeño de maniobra, con la imposición de mantener la sede. Era parte de la negociación: nosotros hacemos acciones pero del otro lado también. El país pedía tiempo. Se le dio tiempo, con condiciones. Si hoy se dice “esperaban agazapados”, puede ser, pero eran las condiciones del momento. En 1976 el país había renunciado a su jurisdicción. Este fallo, donde la Corte de EE.UU. se abstiene de tomar el caso, tampoco es gratis para el capital financiero, porque no es un bloque tan compacto. El fallo lesiona a Nueva York como sede de futuras de refinanciaciones de deuda. Por ahí se puede colar la posibilidad de una instancia de negociación. Beneficia los intereses más recalcitrantes del capital especulativo, aunque perjudica a otros capitales financieros. La renegociación argentina es de las primeras,  y un mal ejemplo,   por cuanto demostró que se puede. Es decir, salir de una situación compleja generando crecimiento interno, consumo, sin volver al endeudamiento. Eso se le reprocha a este país, por cuanto economías, como Grecia, España o Portugal, pueden seguir el camino. Un momento particular de las finanzas mundiales: se discute si este sistema será el único imperante en el mundo.
¿Qué hay de cierto con que no hay margen de negociación?
-Hay un interés en plantear el escenario “no queda otra que pagar”. Obviamente no conozco la letra chica de los acuerdos, pero es momento de estar tranquilos, darle confianza a quienes están negociando. La voluntad de pago la expresó siempre el propio presidente Kirchner. Hay que seguir adelante sin rescindir los otros acuerdos, porque está lo de la justicia de Nueva York, pero también tenemos nuestra propia Constitución y las leyes para los acuerdos firmados con otros acreedores. Creo que la posición Argentina es correcta. Eso de que “paguemos todo y nos entreguemos”, no sería una negociación. Hay posibilidades, dadas por algunas contradicciones. No por nada la Presidenta recibió el apoyo recientemente en Bolivia (G-77 más Chica). Estamos en un punto donde se discute si, como está conformado, va a ser el único sistema financiero.  Hay que ver cómo se manejan los países de Unasur, Mercosur; puede significar que se retome un tema dormido como el Banco del Sur. Ver qué posición tomará Brasil y otras economías importantes, como Rusia o China. Si llegado el momento hablaremos del nacimiento de otro orden financiero. Todo un desafío, una oportunidad.
Buitres externos, buitres internos…
-Ni externos ni internos.  Cuando los pintan con la bandera de EE.UU., puede que sí, tienen esa bandera; pero tenemos algunos con la bandera argentina, que actúan en connivencia.  El primer interés es cobrar lo más posible; después hay otros aspectos colaterales, los políticos. Se dice “ellos están conformes si cobran lo más posible”. Es verdad, pero hay otras cuestiones, porque también aquí se quiere dar una lección a la Argentina en tanto no se puede cuestionar el poder financiero internacional. Y ése es el mensaje político. Cuando la Ley de Medios decíamos de la disputa era entre una corporación y una Ley de la República, aquí también hay una disputa: el capital financiero contra los países organizados políticamente. Eso va en línea con nuestros propios buitres; porque de pronto hay argentinos entre ese 7%, gerentes de bancos, representantes de intereses transnacionales. De ahí la posición del “paguemos que está todo dicho”. Otra cosa es el planteo respecto a la “independencia” de la Justicia norteamericana, al que algunos se suman aquí. ¿Independiente de quién? En una de esas del poder político, pero de los intereses económicos seguro que no.

¿Es un llamado de atención a democracias como la nuestra?
Esto trasciende los gobiernos. Es un problema del país, del Estado. Lo que se está definiendo es importante, como para que los argentinos nos demos el lujo de no estar en la misma causa. Un país con posibilidades de progreso y crecimiento o nos transformamos, con todo el respeto que me merece, en un Haití. Es una encrucijada. El momento marca una brecha para un cambio. No creo que sea casual que haya aparecido en estos momentos. El gobierno tiene una natural  debilidad, por cuanto no repetirá su conducción en la presidencia; y el sistema, como en otros países, es presidencialista. Se depende de una figura que ejerce un liderazgo indiscutido. La oportunidad de dejar claro que por este camino es posible un país con inclusión, con fuerte mercado interno, industrialización, para tener una vida como pretendemos para el pueblo argentino. Otro sería el país donde las deudas se refinancien con más deudas, encima para la timba financiera. Es la oportunidad para aglutinarse tras esta causa nacional; es muy fácil hablar con el diario del lunes, y decir “Argentina tiene que volver a los mercados de crédito”. Puede volver, contraer deuda para inversiones e infraestructura, para mayores explotaciones. O la industrialización, que o es un camino fácil, pues no hemos tenido una burguesía industrial como la de Brasil, más firme en la defensa de lo nacional. Aquí los industriales jaqueados vendieron al mejor postor, hubo un proceso de transnacionalización de la industria. Las empresas hoy son fundamentalmente de capital extranjero, tenemos una estructura muy concentrada y encima transnacional. El proceso llevará mucho más de diez años.
Esta deuda no fue generada por el gobierno…
-Y tampoco la refinanció con más deuda. Eligió otro camino: el del desendeudamiento. Algunos dicen “sí, se desendeuda y ahora genera más deuda”. Es una opción, pero hay que ver para qué y cómo. Porque desde 1976 se generó deuda para justificar la timba financiera, entregar los fondos jubilatorios, mantener la paridad dólar peso con la convertibilidad que era una gran mentira. Al principio todos estaban conformes, muchos pudieron viajar al exterior, las pérdidas de puestos de trabajo no se dio inmediatamente,  se pensó que con las indemnizaciones era viable un emprendimiento propio… pero terminamos con un 25% de desocupación y un 50% de pobreza en 2001. Eso llevó su tiempo pero mayor tiempo lleva reconstruir todo. Es un momento de firmeza y dar confianza a los negociadores y con lo que la Presidenta planteó. Ella habló de líneas generales, porque un negociador no puede mostrar a todos sus cartas. Dijo que la voluntad es pagar sin rescindir la dignidad ni las obligaciones contraídas con los otros acreedores. Argentina no puede pagar voluntariamente desde ningún punto de vista, porque si eso pasa renace toda la deuda. Hay una cláusula, llamada “Ruffo”, que dice que si se modifican voluntariamente las condiciones pactadas con los acreedores todos podrán exigir cobrar la deuda sin la quita negociada. El grupo minoritario que hizo este juicio, le está pidiendo 1.500 millones de dólares; tengo entendido que el resto de ese 7% estaría en condiciones de cobrar, lo que llevaría a 15.000 millones, y el fallo sería aplicable sin mediar otro juicio. Y el resto, el 92.4%, también podría reclamar. Aunque quisiera, sería una locura pagar voluntariamente, como sugiere (Mauricio) Macri.  
No cuesta mucho aventar fantasmas…
-Tenemos que estar tranquilos, por eso de las profecías autocumplidas: si se promueve una corrida bancaria, vendrá la suba del dólar. Si se mueven esos hilos, lo que uno no quiere que pase sucede. Por los operadores y los rumores… se trabaja sobre la memoria de la hiperinflación utilizando distintos instrumentos para agitar los mercados. Por estos hubo paro de camioneros que afectó el transporte de caudales; eso genera inquietudes, pues los empresarios no tienen cómo depositar el dinero en el sistema y la gente no tiene plata en los cajeros. No sé a qué intereses responden, quizás lo sepa su conducción, pero esto agita la plaza.
¿Qué consecuencias tendrá esto sobre Córdoba y su deuda?
-En la última ejecución, la provincia reconoce la deuda  de la Administración Central más la de la Agencia de Inversión (reconocida por una nota, ni siquiera como rubro). Queda implícita la deuda flotante y faltan las deudas de las agencias y los organismos descentralizados, el Banco Provincia y la Empresa de Energía. Nosotros incorporamos la deuda de Epec solamente por la Central de Pilar, y no otras deudas de esta empresa. Considerando todos estos rubros, la deuda ascendería al 31 de marzo a 33 mil millones, con una incidencia en el Producto del 74.5%. La situación es grave, independiente de que el país se declare en default. Como tiene una importante proporción en dólares, alrededor de la mitad, afectaría que el dólar suba y la provincia no pueda acudir al mercado de capitales para refinanciar. La principal barrera no es si le otorgan o no créditos, sino la Nación que es quien tiene que avalar tomar más deuda. La situación de Córdoba es complicada al margen de los fondos buitres.

(*) Aparecida en EL ARGENTINO Edición Córdoba